
Si entras hoy en la web de Housers, acabas en la pantalla de acceso de Crowpire. Housers ahora es Crowpire: nombre nuevo, logo nuevo y un director general recién llegado.
La pregunta que importa es otra: ¿ha cambiado la empresa o solo el cartel? He mirado el registro de la CNMV, las cuentas y lo que ha contado la prensa desde febrero. La respuesta corta: cambia quién manda, pero no lo que arrastra.
De Housers a Crowpire: la misma sociedad con otro nombre
Crowpire no es una empresa nueva que compra Housers. Es Housers con otro nombre. La ficha de la CNMV recoge a Crowpire, S.L. con el CIF B87269999, el número 13 del registro de proveedores de financiación participativa y el mismo domicilio de la calle Henri Dunant, en Madrid. Ese CIF es el de Housers Global Properties, constituida en 2015.
La propia web lo delata sin querer. Publica las cuentas auditadas de 2016 a 2024, todas de la etapa Housers, y el enlace a su canal de denuncias todavía lleva el nombre antiguo.
Eso significa que Crowpire hereda todo: los contratos, los proyectos en curso, los que no pagan y el historial ante el supervisor.
Lo que sí ha cambiado: la dirección
El cambio de verdad empezó antes que el de nombre. En agosto de 2025 salieron el socio fundador Álvaro Luna, que dejó el consejo pero conserva menos del 4 % del capital, y Yago Ussía, consejero delegado desde hacía dos años.
En febrero de 2026 se presentó Crowpire con Juan Guruceta como director general. Viene de Divilo, una empresa de pagos que fundó y que sigue dirigiendo a la vez. Llega con una promesa concreta: ninguna operación sin licencia ni garantía hipotecaria, un comité de inversiones con asesores externos y un análisis de riesgo de cada proyecto hecho por Gloval, una tasadora independiente.
Sobre el papel, suena bien. Es justo lo que le faltó a Housers.
Lo que no cuadra: quién pone el dinero
Crowpire dice que arranca con 15 millones de euros: 4 millones de nuevos inversores más 11 millones de la etapa anterior. No ha dicho quiénes son esos nuevos inversores. Tampoco hay nombres en el consejo de administración, solo una descripción genérica de perfiles de finanzas, inmobiliario y regulación.
Ante elDiario.es, la empresa asegura tener un accionariado completamente diferente al de Housers. Cuesta casarlo con sus propias cifras y palabras: casi tres cuartas partes del capital que presume vienen de la etapa anterior, un fundador sigue dentro y, en la presentación de febrero, la propia empresa habló de una estructura accionarial «ajustada y actualizada», no de una nueva.
Un cambio de dueño se demuestra con nombres. Hasta que los haya, lo único verificable es el cambio de gestor.
La herencia que Crowpire no borra
En 2019, la CNMV multó a Housers con 215.000 euros por dos infracciones muy graves y una grave, entre ellas informar sin neutralidad sobre rentabilidades, comisiones y riesgos. En 2021 llegó otra de 130.000 euros por vulnerar el principio de neutralidad y por conflictos de interés, que la Audiencia Nacional anuló en 2024 porque la ley había suavizado el régimen sancionador. Uno de sus cofundadores, Antoni Brussola, fue condenado por administración desleal por desviar 55.000 euros; la empresa responde que salió en 2021.
Lo más grave no está en los juzgados, sino en las cuentas de los inversores. El reportaje de elDiario.es de esta semana recoge casos como el de un inversor con 28.000 euros sin recuperar, repartidos en 18 proyectos. El cambio de nombre no les devuelve nada.
Las cifras actuales tampoco invitan a relajarse. La portada presume de 72 millones de euros devueltos y una TIR media del 9,94 %, mientras la página de impagos reconoce una tasa de impago del 15,85 % en los últimos 36 meses, frente al 0 % de los últimos 12, y avisa de que no cuenta los proyectos que están en recobro. Los proyectos que ofrece ahora anuncian un 10 % anual, pero con ese historial de impagos el riesgo de que tu préstamo sea uno de los que se atascan no es teórico. Si quieres saber qué hay detrás de ese porcentaje de la portada, repasa qué mide la TIR y cómo leerla.
Qué haría falta para fiarse de Crowpire
No es solo un lavado de cara: se ha ido el equipo fundador y gestor de Housers. Pero tampoco es un voto de confianza. Para merecerlo, Crowpire tendría que publicar quién es su dueño, poner nombres en su consejo y dar una solución a los inversores atrapados en proyectos de la etapa Housers.
Y hay una señal que va en sentido contrario. Guruceta quiere llevar la plataforma a la financiación de startups, al descuento comercial y a las criptomonedas. Una empresa que todavía no ha resuelto su negocio inmobiliario se abre a tres nuevos. Si tienes dinero atrapado en alguno de sus proyectos antiguos, te conviene entender qué pasa con tu dinero cuando un proyecto falla.
El riesgo aquí es concreto: si inviertes en un proyecto de Crowpire, prestas a un promotor a través de la misma sociedad que dejó a cientos de inversores esperando años, y ni la marca nueva ni el director general cambian lo que recuperas si ese promotor deja de pagar. No hay fondo de garantía detrás, y la propia plataforma reconoce hoy que uno de cada seis proyectos de su estadística está impagado.
Quédate con esto: Housers y Crowpire son la misma empresa, con el mismo CIF y la misma licencia número 13 de la CNMV. Lo nuevo es el equipo directivo. Mientras Crowpire no diga quién la posee ni resuelva los proyectos atascados de Housers, el cambio de nombre no es motivo para mirarla con otros ojos.
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